¿El fémur, dices? Deja mi fémur; tatúa mi esternón, mis veinticuatro costillas, tatúame el corazón que te espera adentro impaciente. Y muy lento escríbete y esbózate entero. Dibújate haste que las nubes, en comparación, resulten blandas cuando no estés bajo ellas y me mires, y ahí aparezca yo, con tu nombre en mi boca, aún viva la carne, queriéndome para ti, así tan rojo, tan desesperado. En ti confío los sonidos que he aprendido a decir para que los mezcles con tus manos, para que confundan nuestro ruido y digan, errados, que fue tuyo o mío. En ti todo. Quiéreme así.