Y una mañana despiertas robado. Las piernas gastadas con avenidas largas, los sentimientos dados a una mujer linda, los dolores imitados en algún puerto por algún mar, replicados por sirenas.

En la farmacia te dicen que no hay medicina para la enfermedad de lo inútil, del envejecimiento, del volver a casa sin un peso porque te han robado.

Pobre, perdido, desahuciado.

Las casas apagan sus luces cuando te ven tocar el timbre. Las llamadas paran al buzón y si responden dicen “mejor afuera”: “si vas a morir, mejor afuera”.

Anda empaca y veamos la playa juntos. Al atardecer veamos aves zarpando en bandada, sobrevolando las olas que el mar levanta por diversión. Miremos que la arena se empapa jugando con el mar y luego se seca, y aún seca es hermosa.

Anda ven y toma mi mano, vamos a verles jugar.