Los nietos juntos en la casa de la abuela casi muerta y llega el pensamiento: todavía la quieren. Corren después de vacaciones y queda muerta ahora sí como cachorra coja sin luz y el entierro al acecho.
Afuera el divorcio de Mateo el primer raspón en la rodilla de Inés la mecha agotada de un sol viendo aviones revolotear y pensando: todavía me quieren.
Oh, si fuera cierto. El sol y yo nos tocaríamos debajo de los ombligos guardaríamos en los cabellos las manos para jugar con las lenguas al apapacho a la mucha mentira romántica para sentirse el uno mejor: iluminado del corazón y el otro cojo sin luz y el entierro al acecho. Y el uno otra vez niño preguntar a la madre cuándo visitamos otra vez a la abuela muerta la que hace calabaza dulce con artritis la casa de los primos latosos allá donde al despertar hay buen clima.