Nunca planeé ser amigo tuyo. ¿Cómo adivinar que me seguirías hablando por tantos años? Nunca imaginé tan creíbles mis mentiras para escapar de esta soledad mordaz. Me disculpo por no hablarte de mí en nuestras charlas, es que no me interesa que me escuches tú, no me agradas. Perdón. Te ruego que no me busques más.
Lo siento, mamá, nunca quise una mascota. Me es imposible pensar que forma parte de mi vida. ¿Te he contado que nunca me acostumbré a hablar con los animales? ¿Te conté que decir su nombre es como hablarle al aire? Sabes que no puedo con eso. Pero te prometo que no le hablé de ella a casi nadie, así que es como si no existiera, ¿no? Nunca la usé. Dime, ¿puedes perdonarme y llevártela?
Discúlpame por no responder. Leí tu mensaje, pero es que eres tan increíble y nuestra última charla fue tan agradable que no la quiero sobreescribir. Lo que sí quiero es envolverte en papel celofán y guardarte en mis adentros por siempre, y que tú hagas lo mismo con tu última memoria mía. Y sucede que ahora tengo miedo de decirte algo que no debo y desatar el moño que te retiene. Me da miedo que me veas de otra forma y no tenerte nunca más, ni siquiera como recuerdo. Perdóname, pero aún no puedo responderte. Otro día será, lo prometo.
Mamá, tampoco le hablo de ti a las personas. Ni de ti ni de papá ni de mis tres hermanos pequeños. Es que ya no me siento hijo tuyo y nunca fui buen hermano. Te pido que esperes un poco más, me iré de casa y ya no tendré que hablar de ustedes ni ustedes de mí. No faltará conocernos. No faltará recordar nada. Te dejaré, y esta vez no voltearé la mirada. Perdón.
Pensaba que quería decir algo cuando escribía. Te he mentido en mis poemas buscando lo que en verdad siento y hoy solo me quedo la mentira y el fracaso. Me quedo el haber falsificado sentimientos con tal de salvarme, el haberte alimentado cuentos con tal de yo salvarme. En estos dos años he escrito textos que hoy no dicen nada y te los he compartido como si fueran reales. Mira bien, he construido un gran escenario entre nosotros dos donde ahora jugamos al escritor y al lector y a veces invertimos papeles y nos aplaudimos… No me percaté a tiempo, perdóname. Es tarde para solucionarlo, pero ¿crees que nos lastime jugar otro poco?
Posiblemente no te amé como dije. Dudaba cuando me lo preguntabas, cerraba los ojos, respondía sin escucharme. ¿Para que me sirven las palabras si no complacen? Apenas sé hablar, aún no aprendo a decir lo que nadie quiere escuchar y tú no estás para oír lo que no quieres, pero hoy te confieso que quizás no te amé cuando debí. Lo siento. Me despojo de mi nombre para que lo maldigas mil veces y de mi cuerpo para que hagas de él lo que quieras, pero esta vez es verdad.