Podría pedirte ayuda para esto. No seré yo quien me describa porque no tiene caso; empleadas en mí, reniegan las palabras su significado. Si lo intento yo, diré que soy el cascarón vacío de un huevo incompleto, y por saciedad semántica mi selección de palabras ya no me dirá nada. Todo es acomodar letras en filas horizontales para señalar aquello que me provoca pensar en mí, pero ya no me es posible recibir significado. Yo no puedo, debe ser otra persona, alguien a quien tenga en alta estima, en alto significado. Alguien debe aventurarse a mirar adentro de mí y debe tener la disposición para denunciar el engaño del huevo vacío del que no puede nacer nunca nada. Aquello tendría sentido y sentimiento. Por eso te lo pido: préstame tu sentimiento. Déjame unas pocas palabras ya preparadas para usar. Descríbeme tú, que aún sabes el asco que da el asco, el dolor que causa el dolor, lo insignificante que resulta lo insignificante. Qué complicada la sensibilidad; comprendo cuánto importa para el artista, aun así me atrevo a confesar que hoy siento menos de lo que sentí cualquier otro día. Es eso. Alguna noche alguien decidió que me sería revocada la capacidad para decir qué soy. Si debo decirlo yo, sospecho que me faltan piezas, algún relleno que nunca tuve, pero no puedo ser yo quien lo diga. No puedo ser, aunque revuelva este texto y cambie el orden de mis palabras. Esto mismo se lo conté a él la otra vez y me respondió que la situación no es tan grave y que aún tengo salvación, así que no pude seguir hablando. Ese día salimos. Me dijo que somos compañeros nocturnos y que eso no está tan mal. Dice que sigue triste por lo de la separación, también que está mejor, y que hoy no lloró. Dice que aceptó algunas cuestiones que no comprendí. Dice muchas cosas. Habla a una velocidad de vértigo que me rebasa. No entiendo de qué habla. Pienso que escuchándole me alejo de la necesidad de describirme, pero no funciona así porque él se aleja y quedo otra vez a mi suerte, en el comienzo, donde nada importan las palabras que pueda pensar. No entiendo, de todas formas le digo que siento alivio por él y le digo que tiene razón: la situación no es tan mala. Y aunque no pueda entender, podría ser verdad. ¿Qué piensas tú? Olvídate mucho de mí y dime qué piensas tú.