¿Alguna vez has visto mis brazos? Son delgados y de ellos descienden cables como venas. Es un ramaje eléctrico. Sobre el reverso de mi mano se aglomeran bifurcaciones. Visto en mis brazos cables protuberantes que palpitan alguna energía de origen y destino reservados. Y es que no tengo permiso, eso es lo que me desconcierta y lo que quiero que sepas: aún negándoseme todo permiso de saber, estoy obligado a entregar mis brazos a la construcción de un circuito eléctrico ajeno. Un flujo como vida corre encima de mis brazos.
¿Podrías comprenderme si un día me desesperara? Si harto del cablerío lo arrancara. Hablo de enterrar mis dedos bajo mi piel y despegar todos los cables de mis brazos de un tirón. A ojos cerrados. Estropearlo todo. Sé que un día querré ver mis brazos limpios y míos otra vez, y entonces lo haré.
¿Sabes lo que es querer tan siquiera tus brazos de vuelta?