Sobre el banco de la glorieta, todavía de mañana. Con su cabeza a la altura de tu pecho, a tu izquierda, quizás tu hija. Como tú, mirando enfrente. De espaldas, ustedes, vistiendo gorritos juguetones: azul el tuyo, rosa el suyo. Negro tu abrigo, amarillo su suéter, café el banco, verde el suelo. Altos los pinos.
Altos los pinos y ustedes dos retoños pintados al fresco.
Aun el atormentado cielo se ahoga en su gris procurando no mancharlas, y prefiere el desalmado viento morir en minutas corrientes circundantes antes que soplar cerca de ustedes. ¡Qué bajeza interrumpir a dos personas sentadas lado a lado!
Díganme, si mañana regreso, ¿volveré a verlas?