¿No recuerdas cuando el niño lloraba porque tenía hambre? Porque le habías servido unos huevos estrellados pero el niño no quería más huevo y seguía con hambre. Estabas harta, y con razón: no se callaba. ¿Recuerdas que aquella noche no tenías ganas de despertar temprano pero te las arreglaste para cocinar dos huevos estrellados con las pocas fuerzas que reuniste en tus muñecas? Por eso estabas harta. No entiende. Nunca entiende, pensaste. El niño no te entiende, solo llora. Cómo va a escuchar lo que quieres decirle si llora tan fuerte, ¿verdad? Por eso tuviste razón en estar harta como lo estuviste y quejarte y llorar internamente más alto que tu niño. Debías asegurarte de que le llegara tu mirada; que te viera verle y supiera que sufres más que él y que su llanto exaspera tu condición de silencio autoimpuesto y te vuelve miserable. Él te hace miserable. Ándale, muéstrale que tu silencio es efervescente. ¿Y qué si subían sus gritos al verte así?, si la que sufría eras tú. Ojalá pudiera tu niño comprender que es menor que la tuya la pena que comparte contigo. Si fuera posible hablarle con la mirada los pensamientos que no te atreves a vocalizar… pensabas que, si eso fuera posible, podrías hacerle escuchar que estás cansada y que no lo quieres en la casa. No es que no lo quieras, porque nació de tu carne y bebió de ti, pero lo prefieres callado, lejano. No lo quieres en casa. Estás mejor sola. Piensas que desearías estar sola, y no tengas miedo, es comprensible, estás en tu derecho. Tu marido no está, viene por las noches pero nunca está, ¿no es así? Te dejó un hijo y él no aparece cuando le ves por las noches. Por eso tienes razón. Y cuando por fin comprendiste que tenías razón y que todo tenía sentido, se lo explicaste a tu hijo. Le enseñaste por qué está bien que estés harta. Piensas que quizás te propasaste al decirle que nunca quisiste un hijo, pero fue su culpa: estaba llorando mucho y no te dejaba pensar bien. De todos modos subiste a su cuarto a pedirle perdón, porque a ti también te da miedo quedarte tan sola y en tanto silencio. No quería decir eso, le dices. Es culpa de tu padre, por él estoy así. Por él estamos así. Cállate o no va a regresar. Tu padre no nos quiere, pero yo a ti sí. Perdóname.