Y cuando cierran y apagan las luces se rozan los pechos y desenfundan sus lenguas como magas imperiales y una le dice a la otra aquí, allí, no, un poco más, luego dame unos minutos, y la otra responde que sí y a los segundos pregunta si ya está lista para repetirlo y etc. y la verdad es que eso no importa porque la gracia está en los pequeños detalles y en la belleza natural del amor que se tienen, y claro que podría decirse que los pechos ensalivados de una son cuestión natural, pero eso no importa tanto como el té de cobalto que le prepara a la otra cuando enferma de fiebre o la corona de azahares que arregla e imbuye con magia de curación (y a veces un toque accidental de magia afrodisiaca) y que coloca a la segunda justo después de acomodarle sus cabellos como recogiendo dos cortinas alguna mañana al despertar, antes de abrir el café, antes de que una se calce las botas para ir al desván por las bolsas de café y las hierbas y la otra se abroche los botones del chaleco (olvidado por alguien en una silla alguna noche de bullicio, así como la pluma de algún ave del valle nevado de Rohk que también olvidaron y ahora hace de decoración en una pared del recibidor) para colocar las tazas en sus estantes y organizar en los cajones correspondientes los granos de café y las hierbas del mercado (que la primera le consigue a diario), actividad que por cierto resulta extremadamente aburrida según palabras de la primera, pero que a la segunda le recuerda a un matrimonio ideal, eso de saber ambas dónde va cada taza según el tamaño y que la primera, de tanto verla, memorice el orden y sepa acomodar las hojas de brihimina en el cajón de la brihimina y las nianbilias en el de nianbilias en caso de que la segunda enferme nuevamente, aunque los cajones no lleven etiqueta y nunca hayan hablado del orden correcto y la magia que posean no sea del tipo telepático, todas estas son cosas que los matrimonios felices saben, explica ella, y agrega que todo es instinto, y lo cierto es que no es instinto porque da la casualidad de que la magia de ambas (y es por esto que fueron reclutadas por la avanzada imperial durante la crisis del último mandato y fueron llamadas en tres ocasiones a las líneas del frente de batalla) la magia de ambas es curativa siendo que no se conocen más de cincuenta magos en la región con estas cualidades, y solo por ello cruzaron caminos en las tiendas de acampar tan delgadas que no cubrían del frío, y solo por ello en las noches tenían que acurrucarse con los pacientes en recuperación, ahí tan pegaditas, y por eso preguntaba la segunda si no caería bien un café a estas horas y la primera respondía sí, un moca, ¿sabes hacer mocas?, sé hacer expresos pero aprendo rápido, ¿de verdad?, ¿y qué harás cuando vuelvas al pueblo?, quizás abra un café que sirva mocas, ¿y tú?