Permítanme contarles una mentira:
Estoy solo, es lo que pienso a altas horas de la noche. Me recuesto en mi cama, miro al techo con asombro y, sin ruido que me interrumpa, mis palabras se ordenan de tal forma que pienso: Estoy solo. Pero solo eso pienso, sin temor, y me pregunto qué significa. Repito las palabras en mi mente, como si afinara un instrumento, para escuchar si suenan distinto y puedo entenderlo más allá de pensamientos sin sentido y lágrimas insípidas, pero siempre suenan igual. (Y podría enumerar esos pensamientos y contar la historia de esas lágrimas, pero al amanecer todo deja de importar, así que me reservaré esta parte).
En ocasiones alterno las palabras, escojo otras y pienso: Estoy solo porque soy así, Todos me odian, Estoy hundiéndome, No hay mañana, etcétera. Esas palabras también las repito varias veces, pero deben saber que todas son frágiles, finas, como la seda que suelta una oruga que se descuelga; aun así, nunca hay intervención alguna en mi mente que rompa esa fragilidad. (Es realmente un orden delicado, una torre de naipes que caería con un soplido, pero no hay soplidos). Continuando con el símbolo de la oruga, puedo decirles que sale de noche, cuando mi somnolencia se deja oler; sale para verme dormir, para envolverme en su seda y, quizás, resguardarme en mi ensueño, pero es impaciente y no siempre me acompaña hasta el amanecer. Aunque debo agregar que, últimamente, sí que se hace camino al amanecer y despierto todavía envuelto en su maraña, de forma que todo lo que digo y escribo por las mañanas resulta igual de falso. Despierto envuelto en sus hilos y me pongo a pensar: Tengo sueño, mucho, mucho mucho, Que den las doce, la una, las dos, las tres… que anochezca, que pasen los días y yo siga acostado, Hoy no me importa hacer esperar a mis padres ni a las pocas personas que me conocen y que ya no me verán porque no quise, Se enfadarán conmigo, me odiarán, pero no me importará porque estaré dormido, Hoy no abro los ojos, hoy no pienso, hoy me rindo ante la vida; acepto cualquier consecuencia, solo quiero morir mientras duermo. Pero como ya aclaré, esas penurias matutinas, al igual que sucede con las nocturnas, son falsas, porque siempre abro los ojos, siempre pienso y siempre rehúyo de las consecuencias de la muerte porque no quiero morir; entonces, ocurre que dan las doce y yo me hallo despierto (con mis ojos bien abiertos, indudablemente despierto), desayunando, temiendo atraer odio y repudio con mis pensamientos y mis mentiras, temiendo consecuencias.
Pero pronto dejo de temer. Ahorita son las dos de la tarde; a esta hora, mis palabras falsas ya las tragué junto con mi desayuno. Lo hice (y lo hago diariamente) porque pierden su peso y no puedo hacer más que comérmelas. Son insípidas: no significan más que mentiras.
Son las dos de la tarde y por estas horas soy feliz. Soy feliz porque a estas horas escribe el yo deseoso por vivir, el enamorado del arte, de las personas, de la vida, de sí y de su mañana. A estas horas se me antoja crecer lento, observar el pasar de las estaciones, dejar que mis años se acumulen, rebosar de experiencias y memorias sencillas, gratificantes (como el té de anís que tomé esta mañana, o la oreja de hojaldre con la que lo acompañé, y el álbum que planeo escuchar al rato)… Aunque he de admitir que, incluso a estas horas, hay momentos, como este, en los que me pongo a pensar cosas raras porque más palabras se infiltran en mi mente; entonces me escucho decir: Soy un mentiroso, No sé qué es real, No sé nada, Solo sé vivir fingiendo, Lo que digo no son mentiras, Estoy mal. Pero no deben creer nada de eso porque también son mentiras, y lo digo convencido de ello.
Pronto llegará la noche, dormiré, despertaré y, dentro de unas breves horas, me hallaré desayunando otra vez en la cocina, enamorado de la vida y de todo lo que implica vivir, y no estaré diciendo lo que digo ahora, pues nada de lo que digo ahora es verdad. De todo lo que aquí les conté, nada importa, es una mentira y yo soy un mentiroso que desayuna siempre en paz y que vive sus días con sincero gusto.
Gracias por leerme.