¿Qué pasaría cuando dejes de ver personas? O, mejor dicho, ¿qué pasaría cuando las personas dejen de verte? ¿Tu existencia se vería amenazada?, ¿tu presencia comenzaría a desvanecerse?, ¿morirías? No, todo lo contrario, cuando pasas desapercibido, tu esencia se escurre por el universo y no hay nadie para contradecirte.

Como una gelatina que olvidan consumir, te irás derritiendo. Pensarás que desapareces, que te arrebatan algo, algo importante, no sabrás qué es, no sabrás qué ocurrirá alrededor; nada cambiará y todo será diferente. Tu derretimiento sucederá lento, bajo la mirada de los demás, pero es ahí donde la magia sucederá: para cuando te des cuenta, verás que te habrás disuelto tanto que te habrás mezclado con la lluvia, se volverán espejo y reflejo, uno y el mismo.

Mirarás por la ventana y te verás a ti, luego mirarás un poco más arriba y te darás cuenta de que también serás el cielo, como si lo conocieras de toda la vida, como si fuera una extensión de ti, como si fueras el dueño del firmamento. Para este momento, tu sentido auditivo se habrá afinado tanto tras la ausencia del habla que comenzarás a escuchar lo que el cielo te dice, pero descubrirás que él es solo sonido y tú, las palabras; con él, descubrirás que existen los diálogos de una sola persona y los escucharás cada noche antes de dormir.

Pasará el tiempo y tu dominio se extenderá a elementos tan cotidianos como los colores mismos: serás el brillo rojizo del atardecer, el azul áspero de la noche, el negro ahogado del silencio. Serás todos los amaneceres grises, todos los cafés negros, todos los insectos cafés, las mariposas amarillas, las plantas verdes… Serás…

¿Qué pasará cuando las personas dejen de verte? ¿Qué pasará cuando no puedas verte en ojos ajenos por más que mires? Comenzarás a fingir que no te importa, pero te buscarás incluso en los rincones más remotos del universo. Yo me sigo buscando con estos ojos defectuosos.