Estoy enamorada de ti, eso quiero decirte en este escrito. No existes, posiblemente no me conozcas y quizás tampoco me ames, sin contar que no entiendo esto que siento y escribo, pero permíteme decírtelo antes de que desaparezcas o dejes de quererme o partas a un lugar distante llevándote contigo mis sentimientos, o sea yo la que se canse de esperar: estoy enamorada de ti. Pero no esperes leer belleza en este escrito, son solo palabras, pensamientos míos para ti.
Por más que desee hacértelo saber, decirte lo que me sucede cuando te siento es desafiante. Es gritar tu nombre repetidamente, el cual no me has dicho, y que nunca me escuches y nunca voltees, pero también es sostenerte después en mis brazos sin saber que te tengo en ellos, y es tanto apretarte y tanto retenerte que… Digo sin saberlo porque es falso aquello de tenerte, pero yo estoy segura de que estás en mis brazos porque solo tú abrazas así de cálido y solo contigo sonrío así de contenta por seguir viva y solo tú me traes esa sensación de querer seguir esperando por lo que sea que la vida me depare el día siguiente. Es eso, calidez en ti, tuya, plena, de ti, desbordante, pero solo cuando no sé que te tengo en mis brazos; por eso, cuando llegas y me percato de esta dicha, decido fingir que jamás llegaste y que no me he enterado de nada, pero ni eso me salva del fatídico descubrimiento de que nunca llegaste realmente, porque lo que yo decida no tiene cabida cuando se trata de ti, y porque quizás sea cierto que nunca llegas. Aun así, estoy enamorada de ti.
Pero no es verdad eso de que nunca llegas; siempre lo haces, soy yo quien no puede recibirte por ser incapaz de verte. Sé que llegas tú y nadie más, que tú eres, que tú te acomodas en mis brazos, porque, cuando me abandonas, siento esa dicha desvanecerse y evaporarse con la misma rapidez con que se borran mis recuerdos de ti. Los tantos recuerdos de ti que tengo cuando no sé que los tengo, y que siempre pierdo cuando te veo tan cerca de mí. Y me enamoro más cuando estás así tan cerquita. Y me derrumbo cuando te olvido, aunque nunca te haya conocido, y todos los sentimientos que a ti confío escapan en el mismo olvido. Lo que me permite seguir esperando lo que ya no soporto esperar también se desvanece y me quedo en soledad e impaciencia, pero mi impaciencia es una de tono apagado, como el que tiene la persona que se cansa de esperar, una realmente cansada, más cansada que impaciente y más apagada que cansada.
Cuando te veo, te amo tanto que mi dicha se apaga y tu calidez se vuelve frío en mis brazos. Mas no quiero que sea mi duelo lo único que recibas de estas páginas que a ti dedico, porque, te repito, estoy enamorada de ti. Si pudiera tenerte ante mis ojos y tenerte todavía y pudiera sentirte y saber que te siento, todo eso escribiría en cartas. Pintaría tu reflejo en palabras. Pero no puede ser. No puedo hacer sino aproximaciones, como este otro escrito que te hice:
Cielo despejado sobre tus ojos, ojos de nubes que descienden, descenso del amanecer rojo, el día devorado por la noche, la noche devorada por ti, por ti. Sigo y pienso: Fuga de jazmines blancos a medianoche, medianoche de nubes tibias, tibieza acunada en tus manos, manos tuyas, tú. Al final siempre eres tú: quien inspira a las cosas hermosas a seguir siendo hermosas, lo que le falta a todo para que podamos amarlo eternamente.
Te he escrito y también te he fantaseado en fantasías de dos personas: nosotros, en mi departamento, a las horas en que desciende el sol, luego llega la noche callada y nos trae silencio, silencio frágil que quiebro pronunciando trivialidades: Alma alada velada por hadas desalmadas. Te da risa o te parece tonto, a mí también me da risa o también me parece tonto. Luego lo repites y lo repetimos juntos decenas de veces y eso nos da más risa o nos parece más tonto, no importa. Mientras seas tú, cualquier cosa está bien. Mientras seas tú, pero este no eres tú, porque yo no te conozco. La persona de mis fantasías no es cálida como lo eres tú, no me alegra como lo haces tú; no puede volver placentera esta espera apagada como hace la persona que conozco.
Pienso, te escribo, te fantaseo; hago eso y hago más y sigues sin ser tú. Y cuando me doy cuenta de ello, de la inutilidad de mi soñar desesperado, me rindo y retrocedo a mis recuerdos inexactos de tu confort, de la suavidad de tu piel que solo puedo rozar cuando no lo sé, y mi anhelo crece, mi espera se vuelve más apagada, me entran ganas de llorar, ganas de caer en ti y dormir para siempre, en tus brazos, de amarte, hasta que el mundo se marchite y sus vestigios se conviertan en nubes de jazmín o en cualquier otra escena hermosa. Solo en tus brazos, solo contigo y nadie más y nada más.
Quiero quererte hasta ser un sueño contigo, uno de dos. Tiene que ser un sueño porque ahí puedo verte y amarte como no puedo en vigilia, aunque tomes prestada la figura de un hombre que cruza la callé al café para sentarse en la mesita frente a la ventana y mirar al cielo, o la de un cachorro gris cuyo dueño abandonó afuera del centro comercial, o la de una gran nube lenta que cubre el sol hasta asfixiarlo, o la de un arcoíris de tres colores que brilla a medianoche. Y sé que todos esos son tú porque se sienten como te sientes únicamente tú y porque la dicha es la misma y me hacen querer esperar otro día más y mantener mis ojos abiertos y despertar y seguir queriendo esperar aunque el mundo se encoja como siempre hace y yo me quede afuera, sola, en medio de nada, porque sueño que tú también estás ahí afuera, en medio de la misma nada, haciéndome compañía, esperando por mí. Entonces espero otro día y soy feliz.
A veces el sol brilla bajo, amarillo pero opaco, un poco apagado. Me extravío en ese tono extrañamente familiar que se impregna en todas las superficies y comienzo a extrañarte. Comienzo a desearte, pero nunca llegas, ni cuando deseo con súplicas. Que llegues cuando no lo sé y te vayas sin mirar atrás antes de que pueda decirte algo, y que eso sea todo lo que somos nosotros dos… No entiendo lo que siento ni si estoy contenta por amarte, pero, si estuviera a mi disposición, quisiera estarlo. Creo con vehemencia que nos amamos y somos felices en otro lugar; quizás en sueños, quizás en un lugar más lejano del que no soy consciente. Nos amamos. En algún sueño no soñado por mí, en alguna sensación sentida por otra persona o en un pensamiento ajeno. Existe. Un lugar donde no me conozco, así como no te conozco a ti, y donde tú y yo existimos y nos amamos eternamente. Y de vez en cuando, pero solo de vez en cuando, uno de nosotros dos regresa conmigo y me trae recuerdos de lo que se siente amar eternamente.
Se dice que el amor más hermoso es el que nunca se consuma, el manifestado en ensoñaciones, pero yo sé que más hermoso es aquel que nunca se ha soñado siquiera, y ese es uno que solo tú y yo conocemos en algún otro lugar igual de hermoso que nunca he soñado.
Por favor, te pido que no desaparezcas. Sigue visitándome. Sigue calentando mi corazón y acomodándote entre mis brazos, aunque sea solo cuando no te espero. Y, aunque quieras existir conmigo, por favor, no lo hagas. Déjanos ser felices en otro lugar. Permíteme amarte un poquito más.