Chicos, este no es un cuento de hormigas, no se preocupen.

Venía a contarles que falta una semana para mi cumpleaños y quisiera saber si están interesados en regalarme algo. Claro que es opcional y no deben hacerlo si no se sienten cómodos con ello, pero me gustaría que me regalen algo, ¿saben? Algo bien, nada de hormigas. Quiero decir, si ustedes cumplieran años les regalaría algo (nada de hormigas). Y puede ser un gesto pequeño, gratuito, de esos que llaman simbólicos. Estaría bien. Basta decirme: Hola, [mi nombre], ¿cómo estás? Vi que hoy era tu cumpleaños y quería felicitarte. ¿Saben?, la gente dice Quiero felicitarte, Quiero disculparme, Quiero decirte esto, Quiero decirte lo otro, cuando bien pueden omitir la primera palabra, porque de lo contrario resulta lo que resulta y estamos con lo que estamos, ignorantes de que expresar el querer también ejecuta la acción pretendida: decir es hacer. Si fuéramos Dios, diríamos Que se partan los mares o cualquier enunciado grandilocuente y nos funcionaría porque tendríamos potenciado nuestro decir es hacer. Diríamos Que sean blancas las hormigas, sin patas ni antenas, lloren mucho, surquen los cielos y dependa el volumen corporal de condiciones atmosféricas y obedezca las leyes de la física y se harían las nubes. (También aceptaría poemas de nubes, por si quieren regalarme uno, pero que no sea el de Borges porque ya lo leí). Por supuesto, para que el ejemplo de la hormiga funcione es necesario un intérprete oculto que detrás de cámaras transforme la palabra en acción. Él debe saber cómo son las hormigas y a partir de ellas podrá crear las nubes, y luego, sabiendo cómo son las nubes, podremos darle más indicaciones. ¿Verdad que es interesante? Es como estas cosas del infinito y los bucles y todo eso de la matrix.

Chicos, es en serio, quiero que me regalen algo. La temática del escrito son las hormigas, así que no me importaría siquiera eso. Quiero decir, las he probado, no están tan mal. Para otra cosa no, porque me dan pendiente. Alguna vez tuve un hormiguero en casa y se me escaparon por un resquicio. ¿Saben ustedes lo que se tiene que hacer con los insectos de mascota que se te escapan? Deben matarse para que no se vuelvan una plaga doméstica. Después de haberlas recogido una a una tan lejos en un bosque remoto… Tanto para que al final mi madre me obligara a rociarles veneno. ¿Saben?, si fuera Dios diría Que todas las hormigas entren a mi recipiente, y ellas entrarían y se formaría el hormiguero. (Si alguien de ustedes tiene estas capacidades —si alguien conoce a Dios o ha entrenado con éxito su hablar es decir— le suplico que me dé un regalo de estos imposibles, que diga algo que no pueda ser y se haga para mí. Nada me daría tanta felicidad en esta miserable vida).

Ah, no se preocupen, lo de arriba es solo para que se piensen los demás que esto es un relato de hormigas (luego hablo más de ellas cuando explico lo que haría si me cedieran un deseo, por si quieren saltarse esa parte). Lo único que quiero es mi regalo.

Por cierto, ¿se imaginan cómo sabrían las nubes si quien las hubiera mandado a hacer hubiera tomado de referencia al algodón de azúcar? Si hubiera dicho algo como Que los algodones de azúcar sean blancos, gigantes y floten sobre nuestras cabezas para taparnos del sol y el intérprete hubiera dejado intacto el aspecto del sabor. Sería como un bug, ¿saben? De haber sido el caso, me hubiera gustado que me regalaran un pedacito de cielo. ¿No suena muy romántico eso? ¿Verdad que sí? ¿Verdad? Soy como Borges, ¿verdad? (¿No será que mis creadores me fabricaron con su plantilla?).

Bueno, está bien, no necesita ser algo muy poético, me conformo con que me regalen un abrazo… (Mentira). Bueno, me conformaría con un abrazo dependiendo de quién venga. Si es guapo es halago, si es feo es acoso. (¿Se imaginan que una hormiga enorme quiera darme un abrazo? Me daría miedo recibirlo porque he matado varios hormigueros en mi vida, pero lo aceptaría. Me gustan las cosas raras). ¿Se imaginan que Borges reviva para darme un abrazo? Que alguien del futuro diga Y Borges revivió al tercer día y abrazó a [mi nombre]. Y si es buena persona, también le curaría su ceguera para que me viera.

¿Otra cosa que me gustaría? También me gustaría que me regalen sus vidas, o un deseo. Esto lo he pensado antes y puedo explicarlo en dos escenarios:

  1. Si una persona me regala su vida puedo comenzar los experimentos que tengo reservados. Le diría que esté perdidamente enamorada de mí (debo citar textualmente perdidamente para que esto funcione) y que salgamos a una cita, quizás dos, y luego me invite a tener relaciones sexuales y en la cama le revele que tengo un fetiche raro. Claro que no será ningún fetiche, pero le diría que se ponga el traje de hormiga a escala adulta que compré y que no se lo quite hasta que terminemos. Para los que no saben, esta es una técnica psicoanalítica que me permitirá reparar mi relación espiritual con las hormigas y los hormigueros, sí, por lo que ya conté de la vez que tuve que asesinar una colonia (que a ver, no la obliteré completa, muchas abandonaron mi casa por cuenta propia cuando olieron el spray que me obligaron a rociar, pero se entiende lo que trato de decir). Es complicado de explicar si no saben de psicoanálisis, pero básicamente consiste en recrear un escenario originario de algún trauma para volver a actuarlo, ¿saben? Volver al pasado a hacer las cosas bien. En la cama las penas se arreglan mejor.

  2. Si por el contrario me regalaran un deseo, desearía que me regalen la vida de mi persona favorita para aplicar la estrategia anterior.

Y si tuviera dos deseos me gustaría desear dos vidas de regalo.

¿Verdad que sonó muy poética la frase anterior? Es como cuando dicen Y si hubiera de vivir dos veces, me gustaría repetir mi vida. Es que estoy practicando mi poesía, como Borges. (No se notará mucho, ¿verdad? ¿Verdad?). También pueden regalarme halagos si quieren, pero no es a fuerzas. Algunas personas se molestan cuando les pides que te halaguen, pero cuando verdaderamente sabes lo que haces a la gente no le importa. Por eso nadie se queja cuando Dios pide alabanza. Yo quiero ser como Dios. Pero tampoco me quejaría si fuera más como Borges.

Que a ver, en serio, no tengo ningún tema con las hormigas. He procurado enmendar cualquier error estos últimos años. Ya no las piso. No paso por insectarios y no las compro más, por mucho que quiera recrear mi hormiguero de la infancia. Me abstengo de pedirlas fritas en el mercado cuando las veo recogidas en bolsitas. Que por cierto, dice mi amigo que las hormigas saben saladas. Creo que a las hormigas las crearon a partir de un grano de sal…

Y bien, ¿ya saben qué me van a regalar para mi cumpleaños?