Me despierto de lo que pareció una eternidad (¿me despierto?). Siento su mano sobre la mía, es tibia. Todavía sin abrir mis ojos, leo en su piel que me quiere. Es tibia. Como una chimenea, es tibia. Abro entonces los ojos y le veo: con sus ojos bien abiertos, mi perro lame mi mano. Es tibio.