Abro mis párpados, despierto, comienzo a ser yo y a pensar y preguntarme si llegaré a algún lugar, si me estoy moviendo siquiera. Miro mi mano, muevo mis dedos y me pregunto si mis dedos se mueven. Duermo, despierto y vuelvo a preguntarme si me muevo mientras tomo un café sin leche porque se acabó la leche un día que no vi llegar. Busco el azúcar, la taza, la olla, en el proceso pierdo mis preguntas y siento que comienzo a moverme, pero no es así, porque luego duermo en la misma cama con las mismas preguntas: ¿llegaré a algún lugar?, ¿me estoy moviendo? Postrado en cama, repito las preguntas y duermo. Despierto, entonces se me ocurre poner palabras en hojas (fácilmente reemplazables por recetas de cocina porque nadie las lee); me pregunto si las palabras me mueven y la respuesta siempre es No. No lo hacen. Hablo, escribo y pienso, y nada lo hace. Cae la noche y duermo. Despierto y siguen sin hacerlo, y duermo y despierto y no lo hacen, pero insisto en volver a dormir y despertar como el que finge no escuchar lo que no quiere escuchar con la falsa ilusión de moverme un día de estos, pero no sucede. No sucede, no me muevo. Durmiendo, retrocedo lo caminado en vigilia. Durmiendo, pierdo todo: el café sin leche, mi hablar, escribir y pensar, y las charlas superficiales que me alivian de saberme inmóvil. No quiero, pienso. No quiero. Quiero decir no quiero, pero no sé qué tengo que no querer para sentirme mejor. ¿Soy yo? La mancha de café que no se borra, lo que tengo que no querer para sentirme mejor. ¿Es dormir y despertar? ¿O es dormir, despertar y ser yo? ¿Soy yo? Soy yo: las manos que fingen movimiento, los ojos que fingen lo mismo, la boca que habla y no se mueve. No me muevo. ¿Qué debo no querer? El hedor a descomposición, lo que no puedo querer porque descompone. No me muevo. Desayuno media dona con café sin leche y no me muevo; miro el crepúsculo morado y no me muevo. Las bugambilias que caen y vuelven a nacer, las farolas que se encienden y se apagan, el día que se vuelve noche y la noche que se vuelve día. Los pensamientos que se hacen palabras y se evaporan; mis dedos y mis ojos y boca que no paran de moverse sin moverme. Mi no querer que va y viene. Todo lo que se va cuando duermo y todo lo que vuelve cuando despierto. Y yo que no me muevo.