Te quería servido en una copa de oro, para mí y nadie más. Solo así no tendrías más alternativa que mirarme como un niño ilusionado y yo te regresaría la mirada. Pero no son más que delirios de alguien invisible. Estoy frente a ti, abre tus ojos y mírame bien. Estoy metiendo mis pies. Estás helado, pero te sientes como la seda. Mírame sumergir mi cabeza, me tienes a tu merced. Por favor, ábrelos ahora, te prometo que tengo los míos cerrados con toda mi fuerza.