Vivo un día, un crepúsculo, un morado. Vivo ese color que se cuela entre el día y la noche. El que se enamora de los astros y se aferra al cielo los pocos minutos que puede; minutos eternos. Quien deja todo por ver el sol y las estrellas, pero el sol ya se fue y las estrellas no han llegado; entonces se desespera. Mira abajo: no hay retorno. Mira arriba: no ve nada. Se mira a sí mismo: es morado. Es morado y su tiempo desaparece en un intervalo inexistente.