El huracán viene, dicen ellas, las hormigas desapareciendo en fila, las personas huyendo en manada. El cielo se esconde en gris, el viento se revuelve desnudo. Yo vuelvo a casa antes de la hora, antes de concluir mi caminata. Enciendo velas aromáticas: manzanilla para el silencio (el huracán viene, repiten ellos) y lavanda para el sueño. Los reporteros con sus papeles, trajes, micrófonos y advertencias. Yo con la taza quemando mis manos. Dos de café, dos de azúcar; agitados en círculos desarreglados. Cierro ventanas y cortinas, aseguro con llave la puerta, coloco en la mesita la taza, me siento en el sofá y espero.