En unos días se me irá y olvidaré. No pasará de vértigos furtivos. Pellizcos casi a escondidas de minúscula aguja, de escasas tardes y escasos segundos. Después no será nada, ni memoria. Lo prometo. Y lo mismo conmigo… Pero hoy no es ese día.

Pedí perdón. El porqué lo ignoro. Perdón, Vanny, es todo lo que supe. Acaso fue miedo de entender que te ibas y pedí perdón para negarte la salida, para conservar tu presencia encadenada a la mía y nunca empezar a olvidar tu cariño, tu amor aún pronto, aún naciente. Acaso fue falso cuando lo dije y más pena sentí por la partida de tu amor que por la tuya. Tuviste que responderme para saber que te quería a ti y mi disculpa se volviera real. No te sientas mal por ser tú mismo, pero entonces ¿qué me queda?, ¿a quién culpo de esto? Si no soy yo, ¿cómo enmiendo las cosas?, ¿cómo hago que te quedes? Ahí lo sentí; que aunque no lo dijera, te pedía perdón por todo lo que se me podía ocurrir, y si te hubieras quedado unos minutos más, te habría rogado que no retiraras tu amor. Aceptar que quieres desviar la mirada cuando me ves como soy es fácil en comparación. Pero rogaría que dejaras conmigo el amor que me enseñaste, que no me dejaras desamado, porque me aterra no ser pensado por nadie tanto como me aterra morir.

Mejorar como personas, ver hacia adelante, eso no puedo dártelo. Te quiero hoy, te doy mi vida hoy; es eso lo que puedo hacer por ti. Mañana no me pidas nada, porque no tengo mañana. Confía en que si pudiera asir un futuro con mis manos, también te lo daría. Pero no creo en el tiempo. Corren los días sin mi conocimiento, se escabullen bajo mi piel; el sol no marca ya las horas; las noches nacen prematuras y siempre falsas, de lunas cansadas de fingir. Yo sé que murieron. Yo sé que morimos quienes dejamos de creer en el tiempo. Algunos días no vendrán, así esperemos hasta la muerte. Solo hoy vivo, es eso todo lo que puedo entregarte. Y sé que no basta. Un día nunca basta, ni siquiera para mí.

A pesar de todo, aunque nada basta nunca y nada resulta como se desea, volviste de madrugada. Te disculpaste. Te dije que estaba bien. Dijiste que estabas confundido. Dije que te entendía. Entre los dos nos comimos el tiempo y fue como si nunca te hubieras marchado; no me importó porque supe que nunca dejé de quererte. Me faltó tiempo para comenzar a guardarte pizcas de rencor, y me seguiría faltando aun si te hubieras marchado para no volver. Antes olvidaría, y no fue así porque regresaste. Otra vez tú. Otra vez tu riego de vida, tus te quiero, tu corazón durmiendo en mi palma y el mío en la tuya, tu vida, tu remedio tan natural para el paso del tiempo, para el recuerdo, para la soledad contigo lejana. Y otra vez yo con todo de ti, dejándote mis huellas de amor, como queriendo llegar a algún lado que aún desconozco y tal vez no exista y poco importe. Otra vez contigo, menos con tu viejo amor, porque ese te lo llevaste aquel día y allá lo dejaste. Y aquel no podemos fingirlo.

Fue extraño. Volviste y no supe si estuvo bien seguir queriéndote tanto como hice aquella noche tras la abstinencia o si era mejor llorar por lo que no volvió contigo. Me seguías amando y yo a ti, pero no era el mismo amor que te habías llevado, y tuve miedo. No era lo mismo. Vi el hueco que dejan las cosas que no vuelven. Te vi llevarte un trozo mío y extraviarlo durante tu ausencia. Lo colocaste ahí, en cualquier lugar, y cualquier otra cosa se lo llevó. Quizás fue culpa del viento. Quizás sí lo tiraste sin ver dónde. Quizás quien no ve soy yo.

¿De verdad pueden hacer eso las personas? ¿Pueden quitarte el amor y extraviarlo? Y si te lo pidiera, ¿me confesarías en dónde lo perdiste? ¿Tan siquiera lo sabes? ¿Y dónde me perdiste a mí? ¿Lo sabes?

Por momentos recuerdo la noche en que te fuiste y pienso en mí siendo botado en un basurero, y aunque me recogiste al poco tiempo, permanecí hecho desperdicio, sin posibilidades de ser otra vez persona. Pienso que a lo mejor fui siempre desperdicio y contigo fui persona un momento. Y ahora no puedo soñar ser persona otra vez. Y no te dije nada de esto, no sé si debí. Hice nudo el sentimiento y me lo pasé, de la misma forma en que hago nudos los malos días. Será porque de verdad te quiero, o porque nunca creo nada de lo que digo. Y no te dije que me siento usado. Y me siento desperdicio. Y me siento agradecido de que hayas vuelto. Y aun con todo, sé que no fuiste tú.

En verdad llevo un tiempo confundido, la diferencia es que esta vez decidí confundirme contigo, pero no eres tú lo que duele bajo la piel, ni lo que duele por las tardes en las venas. No eres ese deseo de morir en una habitación donde nadie me conozca, o en un bosque donde nadie me encuentre; donde todo sea nada, o nadie, o nunca, o ninguno. El deseo que suplica que cualquier lugar está bien, menos mi casa, porque no quiero dejar un cadáver en casa; cualquiera que me vea inerte, salvo mis hermanos. Lo que sea. Es eso lo que duele: lo que está sucediendo conmigo, no el desconocimiento, no la ignorancia ni la confusión, no tú. Eso y las miradas atentas son lo que duele, y las palabras de amor, y los abrazos ensayados. La imposibilidad de devolver el gesto porque algo está sucediendo conmigo y no sé qué es. Y el querer disculparme por eso que no sé qué es. Perdón. Perdón. Perdón. Perdón.

Perdón.