Si alguien me desnudara completo. Si me colocara cuidadosamente sobre una hoja verde. Y si soplara tan solo un poquito y me hiciera volar tan solo unos segundos y yo en verdad me moviera. Solo entonces tendría una anécdota que querría contar a las personas. Solo entonces diría a los demás que también yo sé volar y que también yo sé andar desnudo sin romper en llanto. Y solo entonces sería en verdad feliz.