Dos demonios habitan en mí, ambos pretendiendo saber lo que el mundo debería ser. Juzgan al mundo y se juzgan a sí mismos. Odian sin sentido y a ambos se les ahoga la garganta. Ambos pecan de ignorancia por más que pretendan lo contrario. Uno quiere causar dolor, el otro sentirlo. El primero es el capricho, el segundo la necedad. Fingen buenas intenciones y se autoproclaman como reglas. Ah, y los dos mienten.

Si tan solo fuera la violencia la norma, los pobres no lastimarían mi corazón y podría encontrar placenteras sus existencias…