Salgo de casa, voy a la calle, a las grietas y a la tierra mojada, donde plantas mueren y el agua se estanca. Camino aunque no haya nada. En la carretera, los coches expiden un humo que irrita mi nariz y enrojece mis ojos. Camino y no hay más. El mar a mi izquierda huele horrible. Un chapuzón bastaría para matarme. Quiero echarme un chapuzón y morir. Sorber un poco, infectar mi estómago, pagar una factura más grande que mi tristeza.

No es normal. Ni siquiera el sol es normal. Mi piel arde. Camino ya sin querer saber lo que debo ser ni cuál faceta de humano me vendría mejor. No tiene caso. No quiero llegar a la tierra de lo anhelado, me doy por bien servido si puedo llegar a un sitio para acostarme por última vez.

Morir aliviaría mi dolor, el dolor del mucho caminar que me impide detenerme. Mi nariz dejaría de arder si bebiera un poco del mar… Dejaría de arder el sol… Se callarían los vehículos…